La nata fresca

Cada cual tiene sus filias, y una de las mías son los lácteos. Amo la leche fresca, adoro un buen yogur natural, y el máximo de mi lujuria es la nata fresca.

En abril haré 20 años en España, o sea que hace 20 años que vivo en abstinencia natil. La nata que se encuentra en los supermercados es UHT, de larga conservación, esterilizada, muerta. La uso, qué remedio, cuando es necesaria, pero no disfruto de ella. Es como el porno pudiendo tener sexo, es como la sacarina pudiendo tener miel, es como la piscina pudiendo tener mar.

En las vacaciones de Navidad la encontré, y además cerca de casa, en Panearte en la calle San Pedro.  Nata fresca pasteurizada de Deleitar, un litro por 4,50€. Un precio fantástico, considerando que la de supermercado, muerta y con cosas añadidas cuesta sobre los 3,50€. De la empresa no sé mucho más, pero de momento con el sabor de la nata tengo suficiente para gozar.

Lo primero que hice fue beberme un vasito -porque la nata fresca es buena, agradable, goduriosa. Con el café queda de muerte. Montada es sublime. Lo siguiente fue preparar una pannacotta (aquí mi receta en Panepanna). Y en el futuro, quién sabe, se me abre un mundo lleno de disfrute. Casi se la echaría a una carbonara, de lo rica que está.

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